El consumo anual de bebidas analcohólicas alcanza a algo más de 100 litros per cápita, lo cual otorga a las gaseosas una importancia relativa en el gasto familiar que sobrepasa a parte importante de los bienes de consumo y servicios calificados como de primera necesidad. En efecto, las bebidas analcohólicas gaseosas han incrementado en forma sustancial su participación en el gasto familiar entre 1957 y 1997, situación que se confirma a través de las encuestas de gasto familiar del INE.

Dicha encuesta señala que de representar 0,18% en el gasto total de bienes y servicios contenidos en la canasta de consumo en el año 1957, estas bebidas pasaron a adquirir una ponderación de 1,02% en 1969, 1,22% en 1978, 1,29% en 1989 y 2,01 en 1997. Adicionalmente, las bebidas analcohólicas gaseosas pasaron de tener una participación de 6,91% en el gasto del total de bebestibles en 1957 a 55,1% en 1997.
Por otra parte, el total de las bebidas refrescantes analcohólicas, que incluye las bebidas gaseosas, aguas minerales, jugos de fruta y bebidas gaseosas y jugos consumidos fuera del hogar, son un componente importante del consumo familiar. En particular, de acuerdo a la V Encuesta de Presupuesto Familiar 1996-1997 del INE, éstas representan un 2,6% del gasto familiar total mensual, lo que equivale a un 9,5% del gasto en alimentos y bebidas.
Esta Encuesta entrega también información desglosada por quintil de ingresos donde se muestra la participación del gasto en Bebidas Analcohólicas Gaseosas (BAG) en el total de gasto por hogares, por quintiles de ingreso, correspondiente a la encuesta de 1997. En ésta se concluye que la incidencia del gasto en bebidas analcohólicas gaseosas de los hogares ubicados en los tres primeros quintiles (correspondientes a los de menores ingresos relativos) es mayor a la del promedio de todos los hogares. Y, en particular, el gasto en bebidas analcohólicas gaseosas tiene la mayor incidencia en el caso del primer quintil. Adicionalmente, los primeros quintiles registran un gasto mayor en bebidas analcohólicas gaseosas que la mayoría de los productos considerados de primera necesidad .

De esta forma es fácil concluir que el IABA es un impuesto fuertemente regresivo, por cuanto el pago de este impuesto en los estratos de menores ingresos es proporcionalmente mayor que el de los estratos de mayores ingresos. El IABA implica gravámenes adicionales a productos de alta incidencia en el gasto familiar de las personas de menores recursos, incidencia que además excede a la mayor parte de los bienes y servicios de mayor consumo de este estrato socioeconómico.
Considerando que en los últimos años es altamente factible que haya aumentado la presencia de las bebidas analcohólicas en la canasta familiar, producto de la existencia de alternativas tales como las bebidas de marcas de precio, las cuales se orientan a los sectores socioeconómicos de menores ingresos, el tema de la regresividad debiese haberse incrementado respecto de los indicadores de 1997.
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